(foto Daido Moriyama)era el día, después de tus manos heladas,
cuando ya no merecía el amor nada más
que tu sombra y reflejar el rostro tuyo
como cualquier espejo a contraluz.
estas letras de dolor precarizado
cuando ya no cabe volver a los 17
y estas armas, demasiado cortas,
no son pertrechos de las sombras.
cuando ya no merecía el amor nada más
que tu sombra y reflejar el rostro tuyo
como cualquier espejo a contraluz.
estas letras de dolor precarizado
cuando ya no cabe volver a los 17
y estas armas, demasiado cortas,
no son pertrechos de las sombras.











